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Por Luis Castelli

La crítica que recibió mi columna “Ambientalismo selectivo” a través de otra publicada en la anterior edición por Julio Lovece, no discute el argumento central, sino que lo desplaza. Este nuevo texto busca distinguir, en honor a la verdad, entre lo que se me atribuye haber dicho, lo que efectivamente dije y cómo ese desplazamiento modifica el eje del debate.

1. Me atribuye la idea de que quienes denuncian un problema ambiental no deberían hacerlo si no denuncian todos los demás.

Eso no es lo que sostuve. Nunca afirmé que una organización o colectivo deba denunciar todos los problemas ambientales para tener legitimidad al hablar de uno en particular. Lo que planteé es algo distinto: cuando ciertos actores adquieren centralidad pública, capacidad de veto y alguna autoridad en nombre del ambiente, la intensidad de sus denuncias y la selección de sus silencios se vuelven políticamente relevantes. No es una demanda de totalidad, sino una observación sobre priorizaciones. El corrimiento de eje en este punto consiste en transformar una crítica a la selectividad de la militancia en una supuesta exigencia de coherencia absoluta.

2. Recurre a la analogía del médico para sostener que no puede exigirse abordar todos los problemas al mismo tiempo.

La analogía no es pertinente. Yo no planteé una exigencia de totalidad ni de pureza, ni equiparé el rol de un activista con el de un funcionario. Lo que señalé es que el ambientalismo, cuando actúa como conciencia pública y logra incidir en decisiones colectivas, no es un actor neutral y puede ser discutido como actor político, que es lo que hice. Acá se usó una analogía falsa: un médico no construye agenda pública ni bloquea políticas. En muchos casos, el ambientalismo organizado en Ushuaia, sí.

3. Sostiene que no todos los impactos ambientales son comparables ni tienen la misma escala.

Es cierto. Y yo nunca afirmé lo contrario. Lo que señalé es que la problemática ambiental no se mide solo por la escala futura o por el carácter industrial de un proyecto, sino también por la persistencia, la cotidianeidad y el daño acumulado. Cloacas sin tratamiento, sistemas energéticos contaminantes y degradación urbana del bosque nativo no son conflictos menores ni anecdóticos: son estructurales. Aquí se busca reducir una crítica sobre la naturalización del daño a una comparación que nunca fue planteada en esos términos.

4. Dice que no es válido comparar proyectos industriales con conflictos urbanos presentados como puntuales.

En mi texto no caracterizo esos conflictos como puntuales. Justamente lo contrario: los describo como crónicos, sostenidos y normalizados. El punto que planteo es la indulgencia de sectores del ambientalismo frente a esos daños reales, en contraste con la hiperreactividad militante ante otros riesgos potenciales. En este punto, la operación es semántica: llamar puntual a lo estructural para justificar la falta de actuación.

5. Sugiere que quienes critican a los ambientalistas terminan alineándose con un Estado que promueve la salmonicultura.

Mi crítica no disculpa al Estado; por el contrario, lo cuestiona por su ineficiencia ambiental cotidiana y por su falta de planificación estratégica. Reducir el debate a “estar con el Estado o estar con los ambientalistas” es una simplificación que expulsa las posiciones críticas que no encajan en ese enfoque binario.

6. Afirma que exigir coherencia absoluta equivale a una forma de silenciamiento

Yo no exigí coherencia absoluta. Exigí algo mucho más modesto: coherencia mínima entre la intensidad del discurso, la selección de las “causas” y la gravedad del daño real.

Transformar eso en una acusación de censura es una inversión retórica: la crítica pasa a ser presentada como intento de silenciar.

7. Caracteriza a quien critica de inacción.

Opinar públicamente con análisis y argumentos no es inacción. Es otra forma de acción ciudadana.

Es incorrecto deslegitimar intervenciones que no adopten la forma de militancia que los ambientalistas prefieren.

8. Responde atribuyendo intenciones y clasificando al interlocutor.

Se atribuye a la crítica intenciones que no fueron expresadas. No busco invalidar la defensa ambiental ni desmovilizar ninguna causa. Busqué cuestionar sus prioridades. Son cosas bien distintas.

La respuesta se desplaza hacia la imputación (inacción, complicidad, voluntad de desactivar),deja de discutir ideas y desplaza el debate hacia las personas.

9. Sostiene que el ambientalismo no debe ser tratado como un actor político equiparable a un partido.

Yo nunca afirmé eso. Lo que sí sostengo es que actúa como un actor político: tiene agenda, legitimidad, capacidad de presión, y en muchos casos, de veto. Negar ese carácter es negar su propio impacto en la vida pública.

Entonces, más allá de esta discusión puntual, creo que las causas se fortalecen cuando admiten críticas, y, por el contrario, se debilitan cuando se las distorsiona. Para lograr un desarrollo sostenible no se necesita unanimidad ni blindajes morales, sino un debate honesto sobre prioridades y posibilidades.

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