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En el complejo escenario del Atlántico Sur, la narrativa sobre la pesca ilegal parece haber encontrado un villano favorito: China. Sin embargo, un análisis profundo revela que el enfoque de ciertas organizaciones ambientalistas es, cuanto menos, parcial. Mientras se agita el «fantasma chino», se omiten cifras millonarias de depredación bajo licencias ilegales británicas y la participación activa de flotas europeas y asiáticas que operan con total impunidad.

El sesgo de las ONGs: ¿Preocupación ambiental o agenda geopolítica?

Es frecuente observar informes de ONGs que denuncian la actividad china en el Pacífico y Atlántico Sur. No obstante, estos reportes suelen basarse en ejemplos repetitivos que no representan ni el 0,2% del total de buques que operan a distancia.

La omisión es alarmante:

  • Multilateralidad de la pesca: No solo es China. Buques de Taiwán, España y Corea capturan recursos migratorios de la Zona Económica Exclusiva (ZEE) argentina en alta mar.
  • El saqueo en Malvinas: Se ignora sistemáticamente la captura de 250.000 toneladas anuales en aguas de Malvinas bajo licencias ilegales británicas. Desde 1989, esto suma 10 millones de toneladas, con un valor FOB estimado en 27.000 millones de dólares.
  • El rol de España: Los buques españoles, asociados a intereses isleños, comercializan estas materias primas en Vigo, compitiendo deslealmente con empresas habilitadas en Argentina y alterando el ecosistema austral.

La ecuación del riesgo: Estado ausente + «Cuco Chino» + Denuncias parciales de ONGs = Justificación para la intervención o privatización extranjera del control marítimo.

La soberanía en juego: Entre la inacción y la «Tercera Posición»

Las autoridades argentinas parecen oscilar entre la ignorancia de la pesca ilegal (tanto nacional como extranjera) y la tentación de ceder soberanía ante potencias externas. En este sentido, es imperativo retomar la lógica de la «tercera posición»: no queremos elegir entre China y Estados Unidos para que cuiden lo que es nuestro.

Sin embargo, el accionar de algunas ONGs sugiere una idea peligrosa: que los Estados emergentes no son «aptos» para administrar sus recursos y necesitan de terceros países más «capaces». Esta visión se traduce en propuestas concretas que atentan contra el interés nacional:

  1. Áreas Protegidas dudosas: Proyectos como el «Agujero Azul» (promovido por la ONG WCS) podrían terminar cerrando un cinturón que beneficie la administración ilegal de las islas Malvinas.
  2. El Tratado BBNJ: Algunas organizaciones presionan por su ratificación, lo que permitiría al Reino Unido participar en la administración de recursos en el Atlántico Suroccidental como si fuera un Estado ribereño legítimo.

Las preguntas que las ONGs no responden

Para que el compromiso ambiental sea coherente, debe responder a las inconsistencias del modelo actual. ¿Por qué el silencio ante los siguientes puntos?

  • La Ley de Bases: No hubo cuestionamientos masivos al intento de liberar el Mar Argentino a flotas extranjeras y eliminar la obligatoriedad de desembarco en puertos nacionales.
  • El Descarte a bordo: Se estima que el 30% de las capturas declaradas en la ZEE son descartadas (arrojadas muertas al mar), un desastre ecológico ignorado.
  • Acuerdos UE-MERCOSUR: No se exige que España cese su pesca ilegal en Malvinas antes de avanzar en acuerdos comerciales que abrirían las puertas a más buques europeos y británicos.
  • La intervención de EE.UU.: Resulta paradójico que Estados Unidos, el tercer país que más subsidia la pesca en el mundo (3.900 millones de dólares), sea quien ahora patrulle aguas argentinas o intervenga en la Hidrovía bajo el pretexto de la «Seguridad Nacional».

Conclusión: Un problema de autonomía

Erradicar la pesca ilegal es una urgencia nacional, pero debe hacerse desde la cooperación entre Estados ribereños (Argentina, Brasil, Uruguay) y organismos multilaterales, nunca desde la sumisión a una posición hegemónica.

Dar «luz blanca» a una potencia extranjera para manejar cuestiones soberanas —sea por deuda o por afinidad ideológica— nos deja a merced de que nuestros recursos sean utilizados como moneda de cambio en las negociaciones entre grandes potencias. Como dijo Henri Poincaré: «Un montón de piedras no es una casa». La soberanía se construye con políticas integrales, no con parches geopolíticos.

(*) Por César Lerena Experto en Atlántico Sur y Pesca – Ex Secretario de Estado. Presidente del Centro de Estudios para la Pesca Latinoamericana (CESPEL). cesarlerena.com.ar

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