Los doctores Ariel Ponessa, Rodrigo Santibáñez y Hugo Riello protagonizaron una intervención inédita en la región. Ante la falta de instrumental convencional para el tamaño del paciente, adaptaron equipo de urología para realizar una endoscopía digestiva de alta complejidad.
El Hospital Regional Ushuaia fue escenario de un procedimiento médico sin precedentes que combinó ingenio, precisión técnica y una aceitada coordinación interdisciplinaria. Un equipo de cirujanos y especialistas logró diagnosticar y tratar una obstrucción gástrica en un bebé prematuro de apenas 1.600 gramos, cuya fragilidad y dimensiones extremas impedían el uso de cualquier equipamiento endoscópico tradicional.
El paciente, nacido con aproximadamente 31 semanas de gestación, presentaba una intolerancia total a la alimentación que ponía en riesgo su vida. Ante la imposibilidad de utilizar endoscopios convencionales —demasiado grandes para la anatomía de un bebé del tamaño de una mano—, los profesionales debieron buscar una alternativa fuera de los manuales tradicionales.
La solución llegó a través de la adaptación de recursos: el equipo resolvió emplear un ureterorrenoscopio flexible. Este instrumento, diseñado específicamente para intervenciones en el sistema urinario y de un calibre mínimo, permitió a los médicos navegar por el sistema digestivo del pequeño, visualizar la obstrucción y avanzar con el tratamiento necesario.
El doctor Rodrigo Santibáñez, del servicio de cirugía pediátrica, calificó la intervención como algo «inédito en la región», destacando la extrema complejidad de operar en un paciente de tan bajo peso. Por su parte, el doctor Ariel Ponessa explicó que la prioridad absoluta era «evaluar la situación y brindarle una mejor atención» ante un cuadro que no permitía demoras.
El éxito de la operación radicó en la interrelación de especialidades. El urólogo Hugo Riello, quien aportó el instrumental y su experiencia en el manejo del mismo, subrayó que el resultado fue fruto de un «cuidadoso planeamiento» y del diálogo constante entre los servicios de cirugía infantil y digestiva.
Esta sinergia no se limitó solo a los cirujanos; el procedimiento demandó una coordinación milimétrica con los servicios de neonatología, anestesiología y enfermería, quienes garantizaron la estabilidad del bebé durante el paso por quirófano.
Desde el Hospital Regional Ushuaia destacaron que este avance no solo fortalece la capacidad de respuesta del sistema sanitario fueguino, sino que sienta un precedente sobre cómo la adaptación creativa de los recursos disponibles y la vocación de servicio pueden ser determinantes para salvar vidas en situaciones de máxima vulnerabilidad.
