Un reciente informe de la consultora Focus Market ha puesto de relieve la compleja realidad salarial de Argentina, situando el ingreso promedio individual en US$671,08 al tipo de cambio oficial. Si bien este valor posiciona al país por encima de vecinos regionales como Bolivia, Paraguay y Brasil, se mantiene todavía a una distancia considerable de los niveles registrados en Uruguay y Chile, donde los ingresos superan los mil dólares. Sin embargo, el estudio advierte que este promedio nacional es una cifra engañosa, ya que en su interior conviven realidades socioeconómicas profundamente desiguales que condicionan de manera directa el acceso a derechos básicos como la salud, la alimentación y la educación.
La disparidad geográfica es uno de los puntos más críticos señalados por la consultora, evidenciando una fractura económica entre las regiones del centro y sur frente al norte del país. Mientras el Gobierno enfatiza el aumento de los ingresos en dólares como una señal de recuperación, el análisis sostiene que este fenómeno no se distribuye de forma equitativa. La Ciudad Autónoma de Buenos Aires lidera el ranking de ingresos per cápita con US$762,34, seguida por las provincias patagónicas de Tierra del Fuego y Neuquén. En la otra vereda, provincias como La Rioja, Chaco y Formosa presentan ingresos que apenas alcanzan un tercio de lo percibido en la capital, dejando a sus habitantes con un presupuesto diario que oscila entre los 8 y 9 dólares.
Para ilustrar el impacto real de esta brecha en la vida cotidiana, el informe traduce el dinero en capacidad de consumo. Las diferencias son drásticas: un día de trabajo en La Rioja apenas alcanza para comprar medio kilo de carne o cinco empanadas, mientras que esa misma jornada laboral en la Ciudad de Buenos Aires permite adquirir casi dos kilos de carne o catorce empanadas. Esta comparación demuestra que, más allá de la cifra nominal, el poder adquisitivo real varía radicalmente según el territorio, lo que fragmenta la calidad de vida de los argentinos dependiendo de su lugar de residencia.
Otro factor de distorsión identificado es la brecha entre el empleo formal e informal, que también presenta variaciones extremas según la provincia. En Santa Cruz, un trabajador informal percibe un 67% menos que uno registrado, marcando la desigualdad más aguda del país, mientras que en Tierra del Fuego esta diferencia se reduce a menos de la mitad. Para el director de la consultora, Damián Di Pace, estas distancias estructurales invalidan cualquier discurso de recuperación económica generalizada, concluyendo que solo mediante la estabilidad, la inversión y una formalización laboral masiva se podrán lograr mejoras que alcancen efectivamente a todos los sectores de la población.
