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La fisonomía de la costanera de Ushuaia ha sufrido un golpe que parece irreversible. El Saint Christopher, el legendario remolcador que sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial para terminar custodiando el Canal Beagle desde 1954, ha colapsado estructuralmente en los últimos días. El quiebre de su estructura no es solo una consecuencia lógica del paso del tiempo y el clima hostil, sino que expone de manera cruda las consecuencias de la interrupción de las políticas públicas destinadas a la preservación del patrimonio histórico de Tierra del Fuego.

La última gran intervención para salvar este ícono comenzó durante la gestión de la exgobernadora Rosana Bertone, quien impulsó una obra de remodelación y recuperación integral del símbolo histórico. En aquel momento, los trabajos estuvieron a cargo de la Dirección Provincial de Obras Sanitarias (DPOSS), organismo que asumió el desafío técnico de realizar las tareas de apuntalamiento y puesta en valor. Aquella labor no fue menor: incluyó la colocación de refuerzos estructurales internos y una limpieza profunda para eliminar riesgos ambientales, además de una restauración estética que buscaba devolverle su dignidad a la embarcación más fotografiada del Fin del Mundo.

Sin embargo, ese plan de rescate que nació con el objetivo de asegurar la permanencia del barco en el tiempo se vio truncado con el cambio de gobierno. La actual gestión de Gustavo Melella no dio continuidad a los trabajos de mantenimiento ni a las etapas de consolidación que eran necesarias para evitar que el casco continuara cediendo. Al desestimar la inversión requerida para completar la obra iniciada por la DPOSS en el periodo anterior, el deterioro se aceleró drásticamente. Lo que hoy vemos es el resultado directo de una política de abandono; el Saint Christopher no pudo resistir solo frente a la desidia estatal que decidió no sostener los esfuerzos de recuperación.

El colapso de la estructura marca un antes y un después para la identidad visual de Ushuaia. El barco que participó en el desembarco de Normandía y que llegó al sur para intentar el rescate del SS Monte Cervantes hoy se quiebra ante la mirada de una comunidad que lamenta la pérdida de su patrimonio. Mientras el mar sigue reclamando los restos de madera y acero, queda en evidencia que la protección de la historia fueguina requiere de un compromiso que trascienda las gestiones de turno, algo que en el caso del Saint Christopher, lamentablemente, no sucedió.

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