La inflación de diciembre cerró en 2,8% mensual, consolidando un acumulado anual de 31,5% para 2025. Esta cifra representa el registro más bajo de los últimos ocho años y una reducción drástica en comparación con el 117,8% registrado en 2024. Pese a esta desaceleración, el Indec comenzará a aplicar este mes una actualización en la canasta del Índice de Precios al Consumidor (IPC). El objetivo es que el indicador refleje con mayor precisión los hábitos de consumo actuales, basados en la encuesta de gastos de 2017-2018, reemplazando el esquema vigente desde 2004.
Esta modificación técnica tendrá un impacto directo en la medición. Según estimaciones de la consultora Equilibra, si se hubieran utilizado los nuevos parámetros en diciembre, la inflación del mes habría sido del 2,9% y el cierre anual se habría ubicado en 32,2%, unos 0,7 puntos por encima del dato oficial. El ajuste implica que rubros como vivienda y servicios públicos ganarán relevancia, pasando de representar el 9,4% al 14,5% del gasto familiar. Del mismo modo, transporte y comunicaciones aumentarán su peso relativo, mientras que alimentos y bebidas perderán incidencia, descendiendo del 26,9% al 22,7%.
Durante el último año, el comportamiento de los precios mostró una disparidad marcada. Los servicios aumentaron un 43,1%, superando a los bienes, que subieron un 26,5%. Dentro de las categorías generales, los precios regulados lideraron las subas con un 34,2%, seguidos por la inflación núcleo con un 33,1%, mientras que los productos estacionales crecieron apenas un 17% gracias al abaratamiento de verduras y vestimenta.
De cara a 2026, las proyecciones sugieren que la inflación continuará en descenso, aunque a un ritmo moderado. El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central estima un avance del 20,5% para este año, mientras que otras consultoras como LCG la sitúan cerca del 22%. Los analistas advierten que la inercia inflacionaria, la recomposición de márgenes y el desarme de subsidios en tarifas públicas previsto para este año dificultarán que el índice perfore el 1% mensual en el corto plazo. Se estima que la inflación anual de un solo dígito recién podría alcanzarse en 2028.
El cambio más drástico se da en Vivienda, electricidad, gas y otros, que al subir su peso del 9,4% al 14,5%, reconoce que el mantenimiento del hogar y las tarifas consumen hoy una porción mucho mayor del presupuesto familiar que en 2004. Esto significa que, de ahora en adelante, cualquier aumento en la luz o el gas impactará con mucha más fuerza en el índice general de inflación que antes.
Otro rubro clave es Comunicaciones, cuya participación casi se duplica del 2,8% al 5,1%. Este ajuste es puramente tecnológico: hace veinte años el gasto en telefonía móvil era marginal y casi no existían los abonos de internet de alta velocidad o los servicios de streaming. Al ganar relevancia, el IPC ahora captará con mayor fidelidad cómo los ajustes en las facturas de celulares e internet golpean el bolsillo mensual. Lo mismo ocurre con el Transporte, que sube al 14,3%, reflejando el encarecimiento relativo de los traslados frente a otros bienes.
En la vereda opuesta, la caída de Alimentos y bebidas (del 26,9% al 22,7%) no significa que la comida sea barata, sino que, estadísticamente, la población ha tenido que derivar parte de lo que antes destinaba a alimentos hacia el pago de servicios y conectividad. Es una actualización de la «supervivencia» digital y habitacional: hoy internet y la luz se consideran tan básicos como la comida, y el nuevo índice simplemente está aceptando esa realidad económica.
