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El cierre de empresas en Argentina ha dejado de ser un efecto colateral para convertirse en una dinámica estructural del modelo económico. Según los últimos relevamientos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), desde la asunción de Javier Milei en noviembre de 2023, han desaparecido un total de 22.608 firmas con al menos un trabajador registrado.

Este deterioro del entramado empresarial marca el peor inicio de una gestión de gobierno desde el año 2003. La magnitud del fenómeno, analizada por la fundación Fundar, revela que en apenas 25 meses la baja alcanza el 4,4% del total de las empresas del país. Solo durante el último año, se destruyeron 10.392 unidades productivas.

Una recuperación desigual

A pesar de que el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) registró un crecimiento del 4,4% en 2025, los especialistas advierten que esta mejora no es homogénea. El impulso provino fundamentalmente de sectores extractivos y financieros:

  • Agroindustria y ganadería.
  • Explotación de petróleo y minería.
  • Intermediación financiera.

Sin embargo, este crecimiento no ha tenido correlato en la industria manufacturera ni en el comercio minorista, sectores que concentran la mayor cantidad de mano de obra y que hoy enfrentan un proceso de achique forzado.

El impacto en el empleo registrado

La desaparición de empleadores se traduce de forma directa en la destrucción de puestos de trabajo. Datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) indican que el empleo formal cayó un 1% interanual en 2025, lo que representa 106.200 empleos menos que el año anterior.

Desde el comienzo del mandato actual, el saldo es crítico: se han perdido 288.815 puestos de trabajo, una cifra que el crecimiento del monotributo no logra compensar en términos de estabilidad y calidad laboral.

Casos emblemáticos del ajuste

La crisis alcanza incluso a firmas con décadas de trayectoria. Lumilagro, tras 85 años de producción nacional, apagó sus hornos para volcarse a un modelo de importación para sostener su estructura. Asimismo, gigantes industriales como FATE también reflejan las consecuencias de un modelo que prioriza la apertura y la eficiencia de sectores concentrados por sobre la densidad del tejido pyme nacional.

Fuente: Ambito

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