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Las declaraciones formuladas por la exgobernadora Rosana Bertone a raíz de la reciente cadena nacional del presidente Javier Milei sobre la cuestión Malvinas ponen de manifiesto la profunda preocupación existente en torno a una estrategia oficial que, lejos de resguardar los intereses nacionales, genera inquietud en el corazón de Tierra del Fuego. En primer lugar, la exmandataria advirtió con firmeza que «las Islas Malvinas no son una moneda de cambio para acuerdos comerciales o geopolíticos de corto plazo», recordando enfáticamente que «las islas forman parte integral de nuestra nación y de nuestra provincia».

Este posicionamiento subraya la centralidad que el archipiélago posee para los fueguinos, cuya soberanía e integridad territorial no pueden subordinarse a conveniencias circunstanciales ni a miradas cortoplacistas que ignoren el arraigo histórico y geográfico de la región.

Asimismo, Bertone cuestionó duramente la metodología adoptada por el Poder Ejecutivo al señalar que «tomar decisiones de esta magnitud de manera inconsulta, a espaldas del pueblo fueguino, constituye un atropello al federalismo y a nuestra Constitución». Para la provincia que ejerce jurisdicción sobre las Islas del Atlántico Sur, resulta inadmisible que las definiciones estratégicas vinculadas a su propio territorio se gesten sin la participación ni el consentimiento de sus representantes y habitantes.

En la misma línea, analizó la dimensión comunicacional y temporal de la medida presidencial al apuntar que «la agenda Malvinas, causa histórica e irrenunciable de nuestra política exterior, exige medidas claras y contundentes», y si bien reconoció que «comunicarlas al pueblo argentino es fundamental y una cadena nacional fue pertinente», advirtió con tono crítico que «tuvimos que esperar más de dos años para que el gobierno dé señales de cuál es su estrategia diplomática y de defensa al respecto».

Profundizando en las consecuencias de la inacción oficial previa, la exgobernadora señaló que «salir del inmovilismo era necesario y reposiciona a la Agenda Malvinas en la discusión política», aunque lamentó profundamente que «el tiempo perdido permitió este peligroso movimiento que vulnera abiertamente nuestra soberanía a través de una pretensión ilegal de explotación de nuestros recursos». Frente a este escenario de vulnerabilidad propiciado por años de demora, valoró cautelosamente que «ahora, por fin, el gobierno parece tomar las medidas necesarias para recuperar el terreno perdido», exigiendo al mismo tiempo que el debate continúe en los andariveles institucionales correspondientes.

Al respecto, sostuvo que «esperamos que estas iniciativas se discutan en el ejercicio democrático del intercambio parlamentario, siempre y cuando prime el diálogo y se escuche lo que tiene que decir todo el arco político».

Finalmente, Bertone concluyó expresando su expectativa institucional al afirmar, «Confío en que nuestros legisladores harán valer el mandato constitucional y abordarán el tema como una verdadera política de Estado, para seguir sosteniendo ante el mundo que las Malvinas son argentinas y fueguinas».

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