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A partir del inicio del año 2026, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) ha comenzado a implementar una profunda reformulación metodológica para medir la inflación en Argentina. Si bien la actualización había sido anunciada en septiembre de 2025, el Gobierno nacional optó por iniciar su aplicación en el primer mes de este nuevo año para facilitar la comparación intermensual y garantizar una transición ordenada en las series estadísticas.

Es importante destacar que el dato de inflación que el organismo difundirá el próximo 13 de enero todavía responderá al método anterior, dado que corresponde al relevamiento de diciembre de 2025. Los resultados del nuevo sistema se verán reflejados por primera vez el 11 de febrero, cuando se publique el Índice de Precios al Consumidor (IPC) correspondiente al mes de enero.

La principal novedad de este rediseño es la utilización de la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo) 2017–2018 como nueva base de referencia, reemplazando una estructura de consumo que databa de principios de la década de 2000. Además, el INDEC adopta estándares internacionales de clasificación que amplían las divisiones de consumo de 12 a 13 categorías. Este cambio permite una reponderación de la canasta de bienes y servicios para reflejar los hábitos actuales de la población, otorgando mayor peso a sectores como transporte, comunicación y servicios diversos, mientras que el rubro de alimentos y bebidas pierde participación relativa.

La modernización técnica también incluye una expansión significativa en el volumen de datos. El relevamiento mensual pasará de 320.000 a aproximadamente 500.000 precios, recolectados a través de unos 24.000 informantes mediante un proceso que será mayoritariamente digital. Este despliegue busca mayor precisión, coherencia con los patrones reales de gasto y una mejor comparabilidad con las estadísticas de otros países, siguiendo las recomendaciones de organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Más allá del IPC, la actualización basada en la ENGHo moderna también impactará en la medición de las líneas de pobreza e indigencia, ya que se revisarán las canastas básicas que definen dichos umbrales. Asimismo, el organismo evalúa realizar ajustes en la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) para aumentar su periodicidad y cobertura, mejorando la lectura del mercado de trabajo y los indicadores sociales.

Desde el ámbito oficial se defiende esta reforma como una normalización técnica necesaria para que los datos estadísticos sean un fiel reflejo de la evolución de la economía real. Dado que estas mediciones influyen directamente en negociaciones salariales, contratos y tarifas, la actualización metodológica representa un paso clave para la transparencia y la solidez de las políticas públicas en el país.

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