Mientras el Gobierno provincial dilata soluciones de fondo, una avería en la central termoeléctrica dejó a miles de vecinos sin luz ni calefacción durante más de 15 horas en plena ola de frío polar.
Ushuaia volvió a ser escenario de una pesadilla previsible. El sábado 18 de julio, en medio de un alerta por frío extremo y con una sensación térmica que desplomó los termómetros hasta los -11°C, gran parte de la capital de Tierra del Fuego quedó completamente a oscuras.
Lo que inicialmente se reportó como un desperfecto técnico terminó convirtiéndose en un apagón generalizado que, en varios barrios de la ciudad, se extendió de manera consecutiva por más de 15 agobiantes horas.
Según informó la Dirección Provincial de Energía (DPE), el colapso se originó por una falla grave en la turbina principal de la central termoeléctrica (el generador Rolls-Royce). A las ya conocidas deficiencias de infraestructura se sumó el congelamiento de los sistemas auxiliares y de aire comprimido de la planta, un argumento que, lejos de justificar el incidente, expone la alarmante falta de previsión y mantenimiento para una ciudad que convive crónicamente con el invierno antártico.
El frío adentro de las casas
La respuesta oficial de la DPE consistió en activar un esquema de cortes rotativos y sostener un suministro de emergencia «atado con alambre» mediante una planta auxiliar. Sin embargo, la realidad puertas adentro de los hogares fue desesperante.
En una provincia donde en muchos hogares la calefacción depende de sistemas que requieren energía eléctrica para hacer circular el agua o activar las calderas, pasar medio día sin luz significa, literalmente, dejar que el congelamiento avance sobre las viviendas.
Los vecinos manifestaron su bronca en redes sociales ante la falta de certezas: cañerías congeladas, alimentos perdidos, comercios obligados a cerrar en plena temporada turística invernal y la desidia de pasar la noche a la luz de las velas intentando abrigar a niños y ancianos.
Una desidia política que ya no se puede tapar
Este apagón no es un hecho aislado ni una simple «fatalidad climática». Es el síntoma de una crisis energética estructural que arrastra la gestión provincial.
La comunidad fueguina asiste, año tras año, a promesas de inversión en el parque de generación que nunca terminan de materializarse de forma eficiente.
Depender de una única turbina principal obsoleta y de parches temporales en la usina auxiliar es jugar a la ruleta rusa con los servicios básicos de la población.
Las autoridades agradecieron en sus comunicados «la comprensión de la comunidad». Pero a esta altura, con tasas e impuestos que no paran de subir y promesas de infraestructura que se licúan en el discurso político, la paciencia de los ushuaienses parece haberse congelado al mismo ritmo que sus casas.
El frío extremo es una certeza geográfica en Tierra del Fuego; que los servicios públicos colapsen ante él, es una absoluta responsabilidad política.
